domingo, 14 de mayo de 2017

“Nací con la música como equipamiento de serie” 

Simplemente Gopar. Todo un personaje. Peculiar, carismático, lleno de matices y acordes. Posiblemente nació con un timple en las manos, aunque tal vez nadie se lo dijo. Huye de encasillamientos y etiquetas, se siente un bohemio por circunstancias de la vida pero ya busca algo más tranquilo, como crear una escuela y, quien sabe…, grabar



Tú siempre has sido músico, ¿verdad?
- Sí. Incluso antes de nacer. Mi madre me cantaba boleros cuando estaba en el vientre y eso ya lo va templando a uno. Yo nací con la música como equipamiento de serie… (ríe)

Y una vez afuera de ‘mami’, ¿cuál es tu primer recuerdo musical?
- Con cuatro añitos, la maestra me llevaba a un piano vertical que tenían las monjas de la Parroquia de San Ginés y yo allí, con un dedo, empezaba a tocar melodías infantiles. Algo muy básico, tocaba de oído y todavía nadie me había enseñado nada. Para mí era algo normal.

Fíjate, yo creía que habías nacido con un timple en las manos. Lo del piano vertical ya lo veo más difícil…
- No, el timple lo cogí mucho más tarde (ríe), con 18 años. Mi primer instrumento de cuerda fue una bandurria que me regalaron por mi cumple cuando tenía ocho años. Mis hermanas ya tocaban… Es algo genético en mi familia.

Tocar la bandurria, con tantas cuerdas, y luego el timple… ¿También era algo natural para ti, o alguien te enseñó a rasgarlas?
- No, no… Mi primer profesor de música fue Florián Corujo, –ex concejal de Cultura de Arrecife- fui a su escuela. Y a los 13 empecé, también con él, a estudiar teclados. Tocaba de oído y tuve que acostumbrarme a leer el pentagrama y a atender las técnicas que él me inculcaba. De todas formas, desde pequeño y con mis hermanas, yo me subía fácil a las tablas de un escenario cuando eran las fiestas de los pueblos. Y hasta me atrevía a cantar…

Gopar acompañando al timple una folía del gran Antonio Corujo.

Estudiaste música entonces…
- Sí, sí… fui al conservatorio. Y a los 19 la vida de repente se me volvió difícil. Cuesta arriba. Tuve que asumir responsabilidades y ponerme a trabajar. Conduje un camión de reparto, fui camarero, dependiente en tiendas de ropa, en alquiler de coches… Lo que podía.
Hasta intenté aprender algo con ordenadores. Al principio era el BASIC, que servía para crear programas… Cuando llegó el Windows aquello dejó de servir.

¿Aparcaste la música durante ese tiempo?
- No, incluso en esta época dura de mi vida, nunca la dejé de lado. Es más, incluso me sirvió de tabla de náufrago y me aislé con ella. Me acompañó en mi soledad y esta situación me puso en camino hacia la bohemia.

¿Y te convertiste en un bohemio?
- Espera, espera, te cuento… Ése fue un momento muy interesante de mi vida. Una época de cambios. Cogí el timple y le di los primeros pellizquitos a la guitarra española. Estamos hablando de 1988 y 89. Estuve dos años viajando por Andalucía, aunque de vez en cuando me pegaba un saltito a Lanzarote.

¿Y qué te trajiste de allí?
- Me traje un montón de amigos y dos o tres baúles hasta arriba de experiencias bonitas y enriquecedoras. El cuerpo me pide volver. Ya toca que me dé un salto…

¡Dale recuerdos a mi tierra!... Por cierto, ¿cuál es tu instrumento favorito? Sin decisiones drásticas, islas desiertas, ni vainerías de esas…
- No es que sea mi favorita, Cada instrumento tiene su atractivo. Sin embargo, la guitarra española me apasiona. Tiene una mano derecha flamenca y una mano izquierda brasileña. Ofrece infinidad de acordes y a cualquier compositor le pone la pila. Luego, de ahí al jazz hay un paso.

“El duende está en los ojitos de la 
gente, pero ellos no lo saben…”

Hay quien dice que la música tiene a quienes viven en ella en una nube, un mundo paralelo a la realidad. ¿A ti te ha hecho madurar o andas levitando… creativamente hablando…?
- Sí, claro. Lo que no te madura la música ya lo hace la vida. Entiendo que estoy más centradito, aunque me queda mucha munición, muchos tomates por tirar… Pero no, es que además yo tengo los pies en tierra. Para mí la música es algo que me aporta sensaciones y un campo infinito para buscar más. Dicen que es el lenguaje universal, ¿no?

Eso tengo entendido… Gopar, tú que eres artista… ¿Has encontrado al duende? Y no me refiero al de la ONCE…
- El duende está en los ojitos de la gente. Pero ellos no lo saben… (sonríe con cara de misterioso). Me gusta mirar en ellos porque transmiten mucho más que las palabras. Me inspiro y de ahí saco cosas, más bien improvisación… Alguna vez me arrancaré a grabar, pero aún no lo veo.

Ahora sí… Gopar, ¿eres un bohemio?
- (Sonríe) sí, lo soy. Aunque para mí es una forma de vida temporal, circunstancial, y en gran parte condicionada por la forma en que he elegido vivirla. Pasa que no me gustan las etiquetas. Y además, el término bohemio tiene un matiz negativo para algunas personas. Yo tengo mucha capacidad de adaptación al medio, me considero muy versátil. Elástico como una media de lycra… pero sin mariconadas, ¿eh? (puntualiza entre carcajadas).

¿Te gusta la noche? 
- Antes, mucho. Ahora significa trabajo y, también, porque me gusta lo que hago. Se paga mejor… La época de marcha pasó y, si acaso, alguna puntual. Para relajarme, me voy unos días a La Graciosa.

¿Y tocar en los bares, para los turistas?
- Sí. Porque me sirve para improvisar mis cositas, para expresarme a través de las notas… a ellos le alegro la vida, y me saco unas perritas interesantes… (sonríe mientras guiña un ojo).

Muchas gracias, Gopar… Hasta un día de estos…

(Le hice esta entrevista para VIVA LANZAROTE, en agosto de 2006)



     

 


  

No hay comentarios:

Publicar un comentario