miércoles, 31 de agosto de 2011

Islandia ya no existe…


No, tranquilos, no ha desaparecido por una erupción volcánica. Más bien, ha sido la ignorancia la que la ha dejado en la papelera de las noticias que no entrarán. Una ignorancia interesada y cobarde, rendida al poder… Al poder del dinero. Como muchas catástrofes humanitarias, que duran para el resto del mundo mientras están en las portadas de la prensa y abren informativos de televisión, pero arrugada y tirada por la mano que sigue sujetando la tijera. Sí. La censura todavía existe. Sólo que ahora es muy sutil y se presenta a los profesionales en forma de amenaza con la pérdida del empleo... Pero Islandia no se quedó callada. Islandia se echó a la calle, se negó a pagar la cuenta de sus banqueros sinvergüenzas y los metió en la cárcel. Peligroso… tanto o más que la nube de cenizas que bloqueó a Europa durante semanas. Las autoridades de la zona euro, el Banco Central Europeo, la Comisión, más Sarkozy y Merkel, no pueden permitir semejante irreverencia ciudadana hacia los mercados. Hay que seguir ofreciéndoles en sacrificio sangre sudor y lágrimas. Los que mandan siguen apretando el nudo de esa corbata de cáñamo que nos rodea el cuello. ¡El déficit, hay que bajar el déficit…! Gritan todos como locos, tal que si estuvieran en el camarote de los Hermanos Marx. Los gobiernos siguen obedeciendo religiosamente a los mismos que no vieron venir la crisis. Las mismas agencias de calificación que permitieron el hundimiento de la economía estadounidense y el efecto dominó que desde 2008 nos tiene a todos bien jodidos. Mientras, doctores y eruditos analistas que ya avisaron con tiempo del tsunami económico que venía siguen siendo ignorados por nuestros gobernantes. ¡Imbéciles…! Si no hay consumo, el sistema se rompe. Si los europeos no podemos comprar, ¿para qué servirá ser competitivos en la producción? Mientras, esa obsesión enfermiza por controlar el déficit no hace más que hundir empresas, enviar a miles de personas al paro, paralizar el crecimiento… y seguir metiendo billetes y más billetes en los bancos. ¡No es tan difícil! ¡Hasta yo lo entiendo, que soy de letras! Ahora vaticinan una recaída en la crisis. De verdad, es para acorralar a los de las citadas agencias y meterles candela a todos. No han causado ya bastante sufrimiento sólo por su voraz ánimo de lucro… Siguen especulando, y nuestros gobernantes insisten en doblar el lomo haciéndoles reverencias e ignorando la evidencia. ¡Pónganse a trabajar y gobiernen! Que gobernante que mucho se ausenta, pronto deja de hacer falta... Que no recuerdo haber visto el nombre de ningún banco en las papeletas de las últimas elecciones. No prostituyan la Constitución para calmar a los totémicos mercados. Su voracidad es infinita. Párenles los pies y hagan como Islandia, ese pequeño país que se plantó. Que se negó a pagar la factura de sus corruptos dirigentes y los mandó a la sombra. Señores, Islandia sí que existe. Aunque hace meses que no hay una sola línea sobre este país en las noticias. ¡Existen, sí! Y si todos fuéramos un poco Islandia ya habríamos salido de la crisis y la banca no mandaría tanto. Así nos luce el pelo…     

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