viernes, 22 de julio de 2011

¿Quién está detrás de todo?

Por alguna razón intrínseca al ser humano, metida a presión en nuestro genoma seguramente desde tiempos ancestrales, tendemos a buscar culpables externos de las cosas que nos pasan. Seguro que en muchos casos, alguna culpa tendremos… Pero es igual. Hay un mecanismo mental de alivio cuando el mal rollo se vuelca de puertas para afuera. Al margen de esta realidad, que encontrará muchos argumentos en ámbitos psicológicos y sociológicos, estamos rodeados de una maraña muy compleja en la que nos sentimos continuamente bombardeados y ya ni sabemos por dónde nos llegan las bofetadas. Cuando alguna nos duele de verdad, miramos alrededor a ver a quién se la devolvemos. Para las pequeñas o estamos inmunizados o entonamos aquel “¡no hay dolor!” de las pelis de Rocky. El problema es que nos están dando más fuerte, más seguido, y cada vez es más difícil descubrir al de las manos largas. A lo mejor es que son muchos… ¿Estarán en otra dimensión que no vemos? ¿Serán los extraterrestres, que pueden hacerse invisibles? Me da que no. Creo que son mucho más terrenales. Además, los extraterrestres deben estar agotados, con la cantidad de autorías que les atribuimos. A saber, las pirámides de Keops, Machu Pichu, las líneas de Nazca… Sin embargo, algo pueden tener que ver porque da la sensación de que vivimos en una inmensa estructura piramidal en la que muchos curramos para pagarle la inoperancia y el poder a un solo tipo, tela de poderoso o a un grupito tan reducido que cabría en una ‘fragoneta’ de surferos. Tenemos mecanismos para protestar por los abusos que sufrimos y cuando nuestras quejas prosperan, sentimos una equívoca sensación de triunfo. Quita, quita… De eso ni se enteran. Pagará el pato algún desgraciado de la zona intermedia. Porque, claro… los poderosos nunca pierden. Tampoco se equivocan jamás… Bueno, sí que lo hacen, pero está todo tan bien montado en su mecanismo automatizado de ‘escaqueamiento’ que nunca en la vida les salpicará. Se llamarán banqueros, políticos, mercados, agencias de calificación… Ni siquiera creo que sean ellos. Están muy bien situados, pero también tendrán que rendir cuentas. Los que mandan, se pasan la vida botaos en una tumbona en la cubierta de su yate, jugando al golf, o tomando whisky etiqueta azul mientras se parten de risa al tiempo que nos exprimen. Son unos sádicos, unos psicópatas… Disfrutan haciéndonos daño. Buscan mil maneras de tenernos siempre atemorizados, porque con miedo no se puede pensar. Sólo funcionan mecanismos primarios e instintivos para ponernos a salvo. Así las cosas, entiendo que jurar en arameo contra el alcalde de tu pueblo, el presidente de tu comunidad autónoma, el del Gobierno… es estéril. Bueno, puedes conseguir pequeñas metas, pero ni siquiera arañarás un sillar de su inmensa pirámide. Es como si vas a un McDonalds y pides a la chica de la gorra que se presente ante ti el Sr. McDonalds porque a tu hamburguesa le falta el queso que pone en la oferta. No, chacho, no… Eso te puede funcionar en el teleclub o en el Bar Paco que hay en cualquier barrio de este país, pero punto. Y no seas demasiado duro con Paco porque él es otra víctima del sistema y seguro que lo tienen acribillado a impuestos. Ante esta inquietante realidad, no podemos quedarnos impasibles pero tampoco repartir tortas a otros que están como nosotros. Hay que focalizar las tortas. Del mismo modo que un regimiento no puede cruzar un puente en paso acompasado, igual muchas tortas dadas al mismo tiempo les hacen caerse de sus tumbonas y se empiezan a preocupar los muy hijos de p… Y puestos a ponerles nombres y caras, que es de lo que se trata, yo apuntaría a que son los miembros del Club Bilderberg los que mueven los hilos. Habrá que cortarlos, ¿no?             

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