miércoles, 22 de junio de 2011

Democracia 2.0

Siguiendo la tendencia de nomenclatura informática y la cartelería reivindicativa de los indignados, me apunto a exigir una democracia de nueva generación. Un modelo que sustituya al actual, que ha sido prostituido y puesto a los pies de los caballos de los mercados. Una fórmula que responda a los parámetros que la actual ya no es capaz de cumplir y que, encima, los que la ensucian nos reprochan las protestas. Lo que hay que oír… Me llama la atención poderosamente, la sacralización que nuestros actuales políticos han hecho de las instituciones. Ahora resulta que quienes no queremos pagar su crisis, atacamos las bases del sistema y de la mismísima libertad. No. Nada de eso. No atacamos al Parlamento. Sólo a los que lo utilizan para aprobar medidas contra la gente a la que representan. Sin embargo, se llenan la boca tachando de violentos a los indignados, cuando saben que han sido cuatro alborotadores profesionales los que les zarandearon, cuando se les debería caer la cara de vergüenza por lo que iban a aprobar. Pero no… Se parapetaron tras una cortina de humo que resistió a las aspas de los helicópteros. Afortunadamente, días después los indignados demostramos que no somos violentos. Somos, porque me siento identificado con esta causa y porque no me gusta la otra única postura posible: la de resignado. No estoy dispuesto a renunciar al derecho al pataleo. Menos aún cuando se está viendo que es el único que nos van dejando… Pero ahora somos muchos y les están viendo las orejas al lobo. Todavía no mucho, pero irán dándose cuenta. Volviendo al asunto de la sacralización de las instituciones, quede por sentado que los indignados no estamos contra las instituciones pero no aceptamos en lo que se han convertido. Si el Europarlamento, la Comisión, el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la madre que los parió…, no sirven para defender los intereses de los ciudadanos europeos, pues entonces habrá que reinventarlos. No podemos estar pagando a unos señores, por llamarles de alguna forma, para que se partan el lomo reverenciando a los mercados. No. Deberían defendernos a nosotros de los vampíricos e insaciables mercados. Pero como no lo hacen, no dimiten y nadie los cesa, pues la conclusión es clara. Estas instituciones así no sirven. Y afirmarlo rotundamente no me hace menos demócrata. Para tener una democracia 2.0 hay que empezar por tener instituciones 2.0. Como estamos ahora no se puede. Con una clase política agotada y una oposición que sólo pone palos en las ruedas, las consecuencias de su ineptitud las vamos a pagar nosotros los ciudadanos. Y muy caras. No nos sirven, señores. Váyanse.
   

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