lunes, 9 de mayo de 2011

Total, no pasa nada…

Aunque su significado, ‘sin castigo’ parezca inocente e incluso positivo, es bastante puñetera la impunidad. Porque se comporta como una bola de nieve que rueda ladera abajo. Va creciendo, aumentando su capacidad destructiva… La impunidad destroza desde la base el equilibrio y el orden social. Si alguien irrumpe por la noche en tu casa, altera por la fuerza tu tranquilidad, daña tus bienes, pone en peligro a tu familia… Se ha pasado tres pueblos de la línea que separa su libertad de hacer lo que le venga en gana y la tuya de estar en casa tranquilamente con los tuyos. La Ley contempla para estos casos que este individuo sea privado de su libertad durante un tiempo por no haber sabido usarla. Desconoce  dónde están sus límites. El tiempo que esté encerrado debe servirle para rehabilitarse como ciudadano. Ésta es y debe siempre ser la finalidad de la privación de libertad. Sin embargo, se olvida muchas veces el carácter ejemplarizante del castigo, que no está dirigido sólo a él sino al resto de la sociedad. No ha de ser vengativo sino disuasorio. Si no es así, tampoco sirve…
Si no le pegas una gran bronca a tu hijo la primera vez que cruza la calle sin mirar, lo seguirá haciendo porque considera que no pasa nada. Hasta que pase, claro, y puede morir atropellado. Es precisamente este ‘no pasa nada’ el que lleva a muchos a pasarse por el arco del triunfo las libertades y los derechos de los demás. Ocurre en las aulas, sucede en las empresas, en el deporte… ¿O no te cabreas cuando no sacan tarjeta roja a un futbolista que agrede a uno de tu equipo? Ese creerá que todo el monte es orégano y podría lesionar a otro. Total, no pasa nada… Y lo peor es la indefensión que sufre el que ve pisoteados sus derechos. Te quedas con una cara de imbécil… Y tiendes a tomarte la justicia por tu mano. De ahí algunos botellazos en los estadios. No los justifico ni los apruebo pero a veces los entiendo.
El que hace daño y ve que no pasa nada, se va convirtiendo en un ser ruin. Se crece con la impunidad y jugará a buscar el límite de los demás. Cuanto más pueda rebasarlo sin que le ocurra nada, más poderoso se sentirá y se irá volviendo más abyecto y nocivo. ¿Puede ser peor? ¡Pues claro! No subestimes nunca la Ley de Murphy… Si un adolescente ve que su padre estafa o que, siendo un cargo público, prevarica y sigue muchos años en el sillón, querrá meterse en política para hacer lo mismo. Si ve que al impresentable que violó y mató a la niña Mari Luz no le ocurre nada, pensará que puede practicar la pederastia porque… total, no pasa nada.
Un paso más. Los terroristas de Hamas y del ejército y el gobierno de Israel seguirán matándose entre ellos con miles de ‘efectos colaterales’ inocentes hasta que las ranas se peinen como el de 11-8-88. Porque lo han hecho y la comunidad internacional no ha podido detenerlos. Bush y quienes le apoyaron en la vergonzosa guerra de Irak seguirán viendo la tele tranquilos en casa, en pantuflas, porque tienen inmunidad (impunidad) diplomática. Y, a modo de remate de plena actualidad, los avariciosos banqueros e ingenieros del fraude económico ‘USA’ que inundaron el mundo de productos bancarios tóxicos siguen en sus puestos, llevándoselo calentito… Deberían reabrir Alcatraz o reciclar Guantánamo para meter a estos hijos de… Así, al menos, otros se lo pensarán antes de intentar repetir lo que nos tiene inmersos en esta recesión atroz. Porque el dolor de tanta gente no puede ser gratuito.     

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