miércoles, 18 de mayo de 2011

¡A las barricadas!

Las manifestaciones antisistema y supuestamente espontáneas que se están dando en estos días en importantes ciudades de España son, como poco, para sentarse a pensar. Para la clase política son un incómodo y feo grano que te sale en la cara el día del baile. Un bulto difícil de manejar, de metabolizar, y también de ignorar. Así las cosas, da la sensación de que algunos se han propuesto utilizarlo a su favor. Noto en el discurso de algunos de sus también espontáneos portavoces ciertos tics reconocibles en las opiniones cuadriculadas propias de miembros de juventudes o nuevas generaciones de algunos partidos. Blanco y en tetrabrik… A este oportunismo hay que sumarle el momento. Entiendo que es el mejor posible, porque es en campaña electoral cuando les importamos porque nos traducen en votos. El resto del año somos contribuyentes. Distan mucho del parisino mayo del 68. Al menos el tiempo ha dotado a aquellas revueltas de un halo de romanticismo del que carecen estas concentraciones –acampadas. Pero en algún momento había que decir basta. En Madrid, la Junta Electoral Provincial las ha prohibido porque no respetan la libertad de voto de las personas. Je, je… Es que estos no se enteran… ¡Prohibido prohibir! ¡Que se dejen de tonterías, que como nos cabreemos de verdad va a arder Troya! Y estamos a muy poquito de rebosar… Que la gente está muy harta, que hay cinco millones de parados. Que esto no es sólo un grupo de estudiantes que rechaza la selectividad y que cambia la pancarta por una partida de póker en el bar o una mañana en los billares. Que hay mucha gente de distinto corte, de muchas edades y condición. Personas que sufren distintas problemáticas. Sin casa, sin curro, sin blanca, y sin esperanza. Gente que está hasta el moño de ver ante sus narices el despilfarro de una administración sobredimensionada en personas y costes. Políticos ineptos rodeados de personal de confianza que cobra un pastizal, tira de Visa Oro y va en coche oficial mientras a nosotros nos suben la luz, el agua, la gasolina y el Euríbor. Una maquinaria burocrática costosísima y escasamente eficiente que lastra la creación de empleo. Estamos hartos de ver cómo grandes empresas como Telefónica habla al mismo tiempo de dividendos millonarios y de despidos masivos. Que el director del Fondo Monetario Internacional dormía en una suite de tres mil euros la noche cuando lo detuvieron por agresión sexual mientras exige austeridad a millones de personas. Que el dinero compra la verdad y la justicia. Que han hipotecado a una generación mientras los banqueros son cada vez más ricos y se ríen más fuerte delante de nuestras narices. Que no es que los ciudadanos seamos antisistema, es que el sistema se ha vuelto anticiudadanos.  Que la democracia es otra cosa, señores. Esto que tenemos es una ‘partidocracia’ o una ‘mercadocracia’. Que el voto útil no es aquél que permite mantener este teatro de la vergüenza, la mentira y el esperpento. Hay que aprovechar la crisis para propiciar cambios de verdad. En esta campaña todavía no he escuchado a nadie explicando qué va a hacer. Sólo se tiran los trastos a la cabeza. Nos han privado del debate público. No se habla en clave municipal, insular… Se han tomado el 22-M como unas primarias. Desconfía de quien promueva la abstención. Tu voto es tu derecho pero también es tu obligación como ciudadano. Tu voto es tu palabra. Vota nulo, en blanco… Vota al goleador de tu equipo de fútbol, a Spiderman, al inventor del amarillo-cola o al de la tortilla de papas… Pero vota. ¡Que no te tapen la boca!        

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