lunes, 9 de mayo de 2011

Hermanados con Macondo

Recuerdo con cariño y frescura la primera vez que leí 100 años de soledad, del maestro García Márquez. Su sorprendente comienzo, las fotografías literarias de ese pueblo en medio de la ciénaga, los relíos familiares y los desenlaces desquiciantes. Por alguna extraña razón, Macondo me vino a la mente cuando andaba pasando revista a lo que ésta, nuestra isla querida, ha vivido en 2009. Por supuesto, hubo cosas positivas. Lapsus que escaparon de un año muy perro, áspero y deprimente. Buenas, como la peli de Almodóvar; la llegada de compañías Low cost, como Ryanair que nos está salvando el culo los últimos dos meses; el cuarto puesto de nuestro Ironman, Goyo Cáceres; pasó por aquí un entonces ‘sólo’ tricampeón Pep Guardiola; también ZP. Parece que Lanzarote le da buena suerte al Sr. presidente. Quienes aquí vivimos, estamos esperando que por su visita nos también nos caiga algo… Y acabó con la kafkiana cruzada de una mujer saharaui ejemplar llamada Aminatu Haidar.
Salvo estas cositas, el resto del año hemos estado más bien metidos hasta el cuello en una densa ciénaga. Tal vez por eso me vino lo de Macondo. La pobreza y el paro han sacudido duramente a esta isla. A muchas familias. Hambre con rostro y vista al suelo. Una crisis sin visos de mejora en mucho tiempo porque aquí, con tanto viento que hace, no se movía una hoja. Inoperancia que se vio agravada cuando un 25 de mayo nos levantamos con el Ayuntamiento de Arrecife precintado por la Guardia Civil. El Caso Unión volvía a poner el nombre de Lanzarote en los informativos y periódicos de toda España, el universo y más allá… Entonces caímos en la parálisis y en la vergüenza de ver cómo muchos, demasiados, se lo llevaban calentito. Los demás nos quedamos con cara de tonto.
En ese lodo de acusaciones cruzadas, de ignominia, hemos pasado varios meses hasta que acabando 2009 las instituciones se volvieron a desmoronar. El tiempo dirá si para bien o para peor. Lo cierto es que ésa es la imagen que me ha quedado de 2009. La de estar metido en un lodo, denso y humeante. Tristeza al ver la necesidad de la gente, fuera o no por su mala cabeza y  su ligero bolsillo. “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Así empieza este brillante relato. Ojalá el gran Nobel colombiano hallara una frase tan memorable para iniciar, dentro de muchos años, la historia reciente de Lanzarote. Ojalá sus recursos de realismo mágico pudieran ahora pasar página. Dar a cada uno los palos o las rosas que le correspondan, y poder empezar 2010 con una sonrisa. Borrón, cuenta nueva, y vista al frente con optimismo. Creo que se lo voy a pedir a los Reyes Magos con carácter retroactivo…

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